Los más recientes pronósticos condicionan el cambio de las estimaciones de 2020 y 2021 a los controles para evitar rebrotes de Covid-19.

Por Valora Analitik para Grupo SURA*

El mundo económico de 2020 que se imaginaba la gran mayoría de organismos multilaterales a cierre del año pasado y comienzos de 2020 ha cambiado considerablemente. La expansión del Covid-19 ha hecho que las estimaciones sobre las caídas del Producto Interno Bruto (PIB) de las naciones se hayan acentuado a mediados de este año, pero con algunas correcciones en los comentarios dados en octubre por entidades como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

América Latina es una de las regiones más afectadas por la emergencia sanitaria que se desprendió de la pandemia. Al mismo tiempo, su vulnerabilidad frente a los impactos económicos derivados es mayor al contar con economías en vía de desarrollo, altamente dependientes de materias primas en sus estructuras productivas y sus exportaciones, las cuales caerán este año en el comercio internacional alrededor de un 20%, principalmente por menores exportaciones a países de la misma región, Estados Unidos y Europa.

¿Cómo lograr una política económica estable? ¿Cómo no sacrificar vida productiva sin poner en riesgo la salud de los ciudadanos?, y ¿cómo podría darse la recuperación para 2021? Estas son las preguntas que retan a presidentes, ministros de economía y de salud.

 Antes de la pandemia

El año pasado el mundo era optimista luego de ver cómo Estados Unidos y China llegaban a un acuerdo para acabar con la Guerra Comercial que empezó en 2018.  Un informe del Banco Mundial de junio 2019 indicaba que el crecimiento de América Latina y el Caribe sería del 2.5% para 2020, gracias, entre otras cosas, al repunte de las inversiones fijas, un mejor precio del petróleo (pues se superarían los malentendidos por la guerra petrolera) pero especialmente por un mejor ambiente para los inversionistas internacionales.

El 16 de enero de este año el mundo vio cómo después de casi dos años de guerra comercial entre Estados Unidos y China, el panorama empezaba a mejorar tanto para las economías desarrolladas como emergentes. El buen ambiente duró apenas 55 días, pues el 11 de marzo la Organización Mundial para la Salud (OMS) declaró el nuevo coronavirus como pandemia, que tuvo su origen en Wuhan (China).

Desde ese momento, las perspectivas cambiaron radicalmente. El cierre de fronteras, los efectos de los aislamientos preventivos sobre distintos sectores productivos y la dinámica de consumo, así como la contracción de la inversión privada y las remesas, entre otras razones, se tradujeron en varios cambios de las estimaciones del impacto de la pandemia en el crecimiento económico de los países.

Cambios en proyecciones económicas

Las más recientes estimaciones dan cuenta de una caída del Producto Interno Bruto (PIB) histórica. Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) declaró, en su informe de octubre, una contracción de 8.1% para la economía de América Latina.

El FMI mejoró su previsión económica para la región en 1.3 puntos frente a la proyección que entregó en junio, pero con algunas salvedades. Las condiciones de ese cambio tienen en cuenta una reactivación gradual de varios sectores esenciales, como el turismo y el comercio; pero aseguró que ese mejor comportamiento se dará siempre y cuando los gobiernos de la región controlen los focos de rebrote y aplanen una eventual segunda ola de coronavirus.

Lo que sí cambió el FMI fue el dato para el próximo año. Mientras en el informe de junio esperaba un crecimiento del 3.7% para América Latina, la actualización sitúa el rebote en 3.6%. Lo anterior porque en el mediano plazo habrá una reactivación más lenta de la esperada y porque los precios de las materias primas todavía se demorarán en volver a niveles previos a la pandemia.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) también acentuó sus proyecciones de decrecimiento ante lo que pueda pasar en esta parte del mundo. Alicia Bárcena, secretaria General de este organismo, indicó que América Latina está ante la mayor contracción económica desde 1,900 por el coronavirus.

La Cepal ve un descenso de 7.7% (en su actualización del pasado 17 de noviembre), cuando en las proyecciones de cierre de 2019 esperaba un crecimiento de 1.3% en la región. De esta manera, al cierre de 2020, se proyecta que se tengan valores parecidos a los de 2010 en términos de PIB per cápita, esto evidencia un retroceso en el bienestar de la población.

Respecto a la pobreza, el organismo calcula que la tasa aumentará este año hasta el 37.3%, con lo que el número de personas en esta situación pasará de 185.5 millones en 2019 a 230.9 millones este año en América Latina.

Sobre el mercado laboral, la Cepal proyecta que el número de desempleados se incrementará en 18 millones frente a 2019 y llegará a 44.1 millones de personas en la región. Además, se espera que para 2020 la deuda pública de América Latina alcance el 69.7% del PIB, en comparación con el 59.5% que registró en 2019.

El Banco Interamericano de Desarrollo ha agregado al respecto que espera que la deuda promedio de la región pase de 60% del PIB en 2019 a 80% en solo dos años, por lo que se tendrá el reto de encontrar nuevas fuentes de productividad tan pronto como en 2021.

“Los esfuerzos nacionales deben ser apoyados por la cooperación internacional para ampliar el espacio de política a través de mayor financiamiento en condiciones favorables y alivio de deuda. Asimismo, avanzar en igualdad es fundamental”, concluyó Bárcena en la presentación del informe de la entidad al inicio del segundo semestre del año.

Raúl Ávila, profesor de economía en la Universidad Nacional de Colombia, explica que ese distanciamiento entre proyecciones tiene varias explicaciones: el cómo llegan las economías al punto más crítico de la pandemia es una de ellas.

“Pero también hay que ver cuáles son los periodos de cuarentenas flexibles que se dan en cada país. Cómo se mueve ese acordeón para otorgarle un respiro a ciertas industrias. Y otro punto fundamental tiene que ver con el apoyo social que se entrega a los más vulnerables”, dijo Ávila.

A lo que se refiere el analista es a giros directos que se entregan a las familias y ciudadanos más golpeados por la pérdida de ingresos. Punto que para la Cepal es vital: una renta básica estructural que frene el posible crecimiento de la desigualdad y el aumento de la pobreza en la región.

Un giro en política comercial

La razón para que el cambio sea tan abrupto es que el contagio del coronavirus afectó a socios comerciales fundamentales de la región: Estados Unidos, China y Europa. Según datos de la Cepal, de los US$1.07 billones que exportó la región en 2019, cerca del 24% fue a China.

De hecho, Chile depende del 30% del total de sus exportaciones a China, mientras que para Perú y Brasil esta cifra representa el 25%. En un riesgo medio se ubican Argentina, Uruguay, Ecuador o Colombia que venden entre un 5% y 10% del total de sus exportaciones a China, mientras que en un riesgo bajo se encuentra México que exporta menos del 5% a este destino.Entre todos ellos, los principales productos que se venden son agrícolas e industriales tales como soja, frutas, minerales de cobre o hierro, pasta de celulosa o carne.

“Pero a eso hay que sumarle un tema fundamental y es la pérdida de valor del petróleo, materia prima esencial para varias de las economías de la región. Esta pandemia evidenció que sí o sí hay que pensar en el cambio de la matriz exportadora y del modelo del comercio internacional para mitigar el golpe en el continente”, aseguró Mauricio López, director del grupo de Macroeconomía Aplicada de la Universidad de Antioquia, en Colombia.

De ahí que las proyecciones de la Cepal al cierre de 2020 señalen una caída de las exportaciones del orden de 10.7% en términos de valor, y de 2.5% en volumen. Siendo los envíos a China los que más caigan, con cerca del 21.7%.

¿Y el costo de vida?

Un dato que se espera no cambie significativamente es el de inflación. El indicador sobre el costo de vida en la región, según los mismos bancos centrales, se mantendría en los rangos que se esperaban a comienzo de año.

Argentina, por ejemplo, acabaría con una variación cercana al 40%, siendo la de mayor indicador, pero por cargar con el mal desempeño económico del año pasado. Uruguay rondaría el 8%. Mientras que Paraguay, México, Brasil, Colombia y Chile se moverían entre el 2% y 4%.

A pesar de ello dos casos de economías en la región que tuvieron leves alzas en este indicador fueron Brasil y México. En Brasil, la tasa anual de inflación a mediados de noviembre se aceleró a 4.2%, por encima del objetivo del Banco Central para fin de año de un 4.0%, impactada principalmente por los precios de alimentos y bebidas, el sector con mayores alzas. Estos subieron un 2.2% en el último mes, lo que representa alrededor de la mitad del aumento general, según los datos del emisor. De hecho, los precios de los alimentos han subido un 12% en el año por impactos en el sector agrícola.

En tanto, en México, el Índice Nacional de Precios al Consumidor en el más reciente mes registró un alza de un 3.33%, también por encima de la media de la región, pero debajo del 4.09% registrado en octubre. En ello han influido menores presiones en precios de productos agropecuarios y los descuentos promocionales de la campaña anual ‘Buen Fin’, el principal periodo de compras de fin de año en este país. No obstante, la depreciación del peso mexicano podría encarecer los productos de importación y hacer que aumentasen los precios al consumidor a inicios del próximo año.

“No se ven fuertes trasmisiones de la crisis económica a los previos de bienes y servicios de primera necesidad, entre otras cosas porque la gente está cuidando el gasto e invirtiendo en lo estrictamente necesario”, concluyó Alejandro Useche, miembro de la Asociación Económica Americana y profesor de la Universidad del Rosario.

De darse un panorama más optimista, y en caso de que los posibles rebrotes de Covid-19 en América Latina puedan ser controlados de manera eficaz, 2021 sería un año más prometedor, aunque no de recuperación total. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) mejoró considerable su estimación en septiembre llevándola del 3.7% al 5.1%, dato que es más optimista que el de la Cepal (3.7%).

Este escenario depende, principalmente, de la capacidad de los estados para controlar posibles rebrotes y del ritmo de recuperación de los socios comerciales de la región, como Estados Unidos, China y la Unión Europea.

“Pero también debe tenerse en cuenta en qué punto va a estar la confianza de los consumidores durante los primeros meses de 2021. Qué tan motivados estén a hacer gastos y a consumir créditos, esto será piedra angular para el ejercicio del próximo año”, concluyó Ávila.

*Este artículo es elaborado por el equipo de Valora Analitik para Grupo SURA. Su contenido es de carácter periodístico y no compromete posturas o recomendaciones específicas de nuestra Organización.