Servir segmentos no cubiertos o subatendidos, llenar los espacios que la industria financiera no está ocupando y emplear la tecnología para responder a los desafíos. Así irrumpen crecientemente las Fintech e insurtech frente a las entidades del sistema financiero.

Las fintech se caracterizan por usar la tecnología para reducir costos en las transacciones financieras y bancarias. Por su parte, las insurtech generan innovaciones tecnológicas diseñadas para generar ahorros y eficiencias frente a la industria de seguros convencional, mediante modelos disruptivos y procesos digitalizados, que usualmente se enfocan en algún proceso de la cadena de valor.

En el contexto latinoamericano, ahora la inquietud es qué tanto estas empresas de base tecnológica, alto crecimiento y modelos de negocios disruptivos se desarrollarán como competencia o en colaboración con empresas consolidadas de sus industrias para apuntarle, mediante altas dosis de innovación, al desarrollo de nuevas soluciones, mercados y oportunidades, a escala local, regional y global.

 

Llegaron para quedarse

Para comenzar a responder a ese interrogante, el Foro Económico Mundial ha señalado recientemente que el éxito de este nuevo ecosistema de fintech se apalanca en aspectos como la accesibilidad para obtener información de los clientes potenciales, la democratización para llegar a segmentos que la banca tradicional no atiende, unos precios asequibles acompañados de unos métodos de pago flexibles y la velocidad con que pueden desarrollar sus modelos operativos.

El reporte bancario de 2016 de McKinsey, ‘A Brave New World for Global Banking’, arrojó que el costo operacional de las fintech es dos veces menor al de un banco tradicional y que su costo de adquisición por cliente llega a ser 22 veces menor.

En este sentido, empresas consolidadas del sector bancario y financiero han invertido en programas para impulsar a startups que trabajen con ellas en modelos de innovación abierta y, así, incorporar capacidades y tecnologías exponenciales para potenciar sus portafolios de productos y servicios.

“Trátese de individuos o de pequeñas y medianas empresas que desarrollan un papel crítico en el desarrollo productivo (…) es una buena señal en una región caracterizada por altos niveles de exclusión del sistema financiero formal, incluso en todos los niveles de ingreso, al reducir la brecha de financiamiento”, afirmó Juan Antonio Ketterer, jefe de la División de Conectividad, Mercados y Finanzas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

También la agencia calificadora de riesgo Moody’s ha destacado cómo los bancos y grupos financieros, antes de ver una amenaza en las fintech, han buscado asociarse para impulsar y apoyar a estas compañías innovadoras.

Sin embargo, la calificadora advierte que aún se necesita un marco legal más completo para establecer reglas para que los bancos puedan invertir en compañías de tecnología avanzada y respaldar la seguridad de la información en línea.

No en vano, la Alianza del Pacífico publicó a principio de este año un informe sobre fintech donde da señales para encaminarse hacia una regulación que le dé paso a la tecnología, sin dejar de tener en cuenta sus riesgos y esquemas de protección al consumidor financiero.

 

Retos de las insurtech

En el caso particular de las nuevas formas de aseguramiento que plantean las insurtech, resultan más flexibles que las regulaciones actuales, a juicio de María del Pilar Galindo, anteriormente responsable de la Alianza del Pacífico por parte del Gobierno colombiano.

Por eso precisó que muchas insurtech no podrán desplegar operaciones, “a menos que sea en concordancia con las aseguradoras tradicionales, incluso mediante esquemas colaborativos con estas”.

En este sentido, la Unidad de Regulación Financiera (URF) de Colombia formó una comisión intersectorial —con participación de entidades gremiales como Asobancaria, Colombia Fintech, Fasecolda y la Cámara de Comercio Electrónico—, que contemplaba a las insurtech como modelos en que las personas pueden colaborar entre sí para facilitar su aseguramiento o el de sus bienes.

 

Un camino por recorrer

De otro lado, las empresas tecnológicas de servicios financieros digitales echan de menos en América Latina la inversión directa del sector financiero tradicional, a juicio de Finnovista, organización que acelera el desarrollo de este tipo de compañías.

En el resto del mundo, hasta el 30 % de la financiación recibida por fintech y similares procede de entidades de servicios financieros, según CB Insights, mientras que en la región, esta organización detecta pocas de estas compañías apalancadas desde el sector.

Una reciente investigación conjunta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Finnovista identificó 703 empresas jóvenes fintech localizadas en 15 países de América Latina.

Brasil aporta el mayor número de emprendimientos a este censo con 230, seguido por México con 180. Colombia ocupa el tercer lugar con 84, seguida de Argentina con 72 y Chile con 65. En total, estos cinco países concentran casi un 90 % de esa actividad en la región.

En ese contexto, Moody’s señala que el gran reto es el acceso a financiamiento de estas nuevas compañías de servicios financieros, teniendo en cuenta que en la región “proveedores de fondos como el capital de riesgo y los fondos de capital privado, son menos abundantes que en los mercados más desarrollados”.

 

Crecimiento de fintech en América Latina

(Año de incorporación de estas compañías)

Este artículo es elaborado por el equipo de Valora Analitik para Grupo SURA. Su contenido es de carácter periodístico y no compromete posturas o recomendaciones específicas de nuestra Organización.